lunes, 10 de noviembre de 2008




Él era un profesor comprometido y estricto, conocido también por
sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Al terminar la clase de fin de año, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:

-Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase, es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de ver su cara aburrida.

El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.

El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:

-¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?.

El alumno quedó desconcertado por la calidez de la respuesta.

-Por supuesto que no.

Contestó de nuevo, en tono despectivo, el muchacho.

-Bueno –prosiguió el profesor- cuando alguien intenta ofenderme o
me dice algo desagradable, me está ofreciendo "algo". En tu caso, es una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir NO aceptar.

-No entiendo a qué se refiere.

-dijo el alumno confundido.

-Muy sencillo. -replicó el profesor. Tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo.

Y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad.

-¡Muchacho! -concluyó el profesor en tono gentil-

La vida nos da la LIBERTAD de amargarnos o de ser felices.

"Tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me
interesa. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargo en el mio. Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner dentro de ti, y lo que elijas, lo tendrás hasta que decidas cambiarlo, porque es tan grande la LIBERTAD que nos da la vida...

...que hasta tenemos la opción de amargarnos o de ser felices".

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No es más grande quién más sitio ocupa, sino quién más vacio deja cuando se va.

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Tendremos el destino que nos hayamos merecido.
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Albert Einstein

La vida es como una moneda: puedes gastarla como quieras, pero sólo puedes hacerlo una vez.
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El Sosiego



Tres amigos salen de excursión. De repente divisan a un hombre sentado en la cima de una colina. Uno de los amigos asegura:

No hay duda de que aquel hombre se siente enfermo.
Otro replica:

No, lo que le sucede es que se ha perdido.
Otro asevera:

Sin duda está esperando a alguien.
Comienzan a polemizar y como no se ponen de acuerdo, deciden ascender a la cima de la colina para preguntarle directamente al hombre.

¿Verdad que estás aquí porque te has perdido?
No, responde el hombre
Seguro que estás aquí sentado porque te has sentido indispuesto.
No, responde el hombre
¿A que estás aquí porque esperas a alguien?
No, responde el hombre
Y ya los tres amigos, extrañados, preguntan:

Entonces ¿qué haces aquí?
Y el hombre, apaciblemente, responde:

ESTOY

Sosiego es un término que en su raíz quiere decir "sentarse". ¿Sentarse, para qué?. Para asentarse en uno mismo y recuperar calma mental y serenidad de espíritu.

Mirador Umbrío



Desde la torre observas cómo cae la tarde,
las últimas montañas perdidas con la niebla,
los árboles que ascienden levemente, el abismo,
el fulgor de los astros que brillan por tus ojos.
Cerca quedan las playas del Sur, amplias
y lentas, vacías a esta hora en que el mar
se desvanece en fuegos. Vive el mar en la brisa,
su mágico vaivén como tus pasos, firmes,
en este oscuro mirador, alto, insomne,
distante como el humo de la ciudad en calma.
Y es el tiempo que inventa su eterno desvarío,
tu sombra, ya fundida con las sombras del mundo.

José Lupiáñez

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