miércoles, 21 de enero de 2009



Como esa parte de mi que fuiste y ya no eres;
irremplazable, perfecta.
Como mis pies que ya no siguen tus pasos...
Como mis manos que ya no te tocan.


Duele el hecho de saberte tan cerca
y sentirte tan lejos,

atrapada en un sueño distante y ajeno,
como el perfume de un rosal lleno de espinas.

Duele tanto de ti; duele haberte
tenido, haberte perdido...

Duele el fantasma de tu recuerdo
vagando por mi habitación,

hurgando en mi memoria, rondando mi cama;
esta cama vacía de ti que te reclama
y que ya no te espera.

... Por que dueles.

¿Por que decidiste dormir en el
hielo princesa de papel?

Me duele pensar que te tuve al lado,
que exististe y desapareciste,

que pasaste por mi vida tan de prisa
que a veces creo que yo te inventé,

que te he soñado, que he soñado con
los lazos que forjamos aquella primera noche;

engañándome con mirar los hilos que
atan mi corazón deshilado aferrarse a los tuyos.

Y me duele.

Duelen tanto tus palabras y el
espacio vacío que se alimentaba con ellas.

Duele esa página en blanco que
dejamos olvidada esperándonos

y en la que nadie podrá jamás volver a escribir.

Duelen los besos que no te dí,
cómo me duelen las lágrimas que no te lloré.
Me duele el brillo de tu ausencia
y esa fotografía tuya que guardo en mi alma.
Tu cara preciosa, tus ojos negros;
cada pieza diminuta y exacta de ti
que echo de menos:

Tu boca , tu nariz, tus ojos, tus pechos...
Tu corazón.

¿Como guardaba tanto veneno tu corazón?

Hada negra, Diosa de barro,
diamante de fantasía partido en mil pedazos.
Hoy le dedico un réquiem a tu nombre
y lo entierro bajo la tumba de tus mentiras,
llorando ríos de tinta sobre nuestras horas juntos.


Horas muertas, horas llenas de amargo vacío,
que hieren, lastiman, envenenan...

...Que duelen.





Deja mirarme en los espejos de tu alma donde los reflejos de luz son naturales, alma tan serena como los lagos de mis sueños, manantiales de ternura que escondes tras un velo de ilusiones, mirada que cautiva la luz danzante de mis anhelos olvidados

Déjame acariciar tu belleza de durazno desde principios de verano hasta el final de primavera, sin prisas, con deseo, sin sombras de maldad ni matices de lujuria, a ritmo de vals caminaran mis dedos por tus sombras, por tus brillos y descansaran sobre tu atardecer

Solo déjame crecer y caminaré los senderos que el tiempo me ha robado, abarcaré las risas que encontramos cuando eramos ángeles en otro mundo y jugábamos a ser dioses moviendo estrellas para dibujar sonrisas, déjame tocar tu existencia y saber que aun existo...



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